La lactancia materna en estudio

 

“Cuando usted entra en una guardería, ¿puede diferenciar aquellos niños que han sido alimentados con biberón de los de lactancia materna? ¿Y en una clase de primaria? ¿Y en una graduación universitaria? –Amy Tuteur espera unos segundos antes de contestarse a sí misma–. Pues será que tanta diferencia no hay”.

Esta ginecóloga estadounidense, autora de The Skeptical OB, denunciaba el pasado mes de agosto en la revista Time que a diario atiende a madres angustiadas que se sienten culpables porque no pueden o no quieren dar el pecho a sus bebés. “Están bajo una gran presión que les hace sentir que son malas madres cuando, en realidad, las diferencias entre la lactancia materna y la fórmula en los países desarrollados son muy, muy pequeñas”, afirma Tuteur.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses del bebé. Esta institución hace años que intenta remontar el bajo seguimiento de su directriz, tanto en regiones empobrecidas como en las más favorecidas económicamente, sin el éxito deseado.

Según un macroestudio publicado la pasada semana en la revista The Lancet, en los países de rentas bajas y medias solo uno de cada tres bebés son alimentados con lactancia materna exclusiva durante sus primeros seis meses de vida. En las sociedades más ricas, especialmente la europea, las cifras no mejoran. El trabajo estima que si la lactancia materna se incrementara hasta niveles universales se podrían prevenir hasta 823.000 muertes de niños menores de cinco años.

Sin teta también hay paraíso

Para Tuteur, “entre la lactancia materna y la ‘crianza con apego’ vivimos una auténtica locura en la que las mujeres, su tiempo, su trabajo y sus sentimientos son invisibles”, critica.

Según la ginecóloga, ningún gran cambio social es gratuito y la respuesta a la emancipación económica y laboral de la mujer ha sido el ascenso de movimientos antifeministas que defienden que una buena madre debe quedarse en casa con sus hijos. “No parece necesario que los padres hagan nada”, comenta irónica.

Para Tuteur, “entre la lactancia y la crianza con apego vivimos una locura en la que las mujeres, su tiempo, su trabajo y sus sentimientos son invisibles
La Alianza Mundial por la Lactancia Materna (WABA por sus siglas en inglés) no coincide con la opinión de Amy Tuteur.

Amal Omer-Salim, asesora técnica de la organización denuncia que el sistema de salud está inundado de promociones de leche de fórmula, muchos trabajadores sanitarios no están preparados para apoyar a las madres en el inicio del proceso, la legislación de las bajas maternales es pobre y el ambiente laboral no invita a mantener la lactancia tras la reincorporación al trabajo. “La lista de retos a los que se enfrentan las madres es interminable”, afirma Omer-Salim.

“En el mundo urbanizado en el que vivimos, toda esta realidad a veces se reduce a que algunas madres se sienten culpables. ¿Nosotros contribuimos a este imperativo? No estoy segura, porque en lo único que hacemos hincapié es en la necesidad de proteger, promover y apoyar a las mujeres”, escribe a Sinc Omer-Salim, quien también admite que el exceso de celo de algunos trabajadores sanitarios poco formados en temas de lactancia sí puede provocar sentimientos de culpa.

“Existen muchísimas cosas por las que una puede sentirse culpable a la hora de criar a los hijos, y tarde o temprano ellos ya se encargarán de decirte lo que hiciste mal –se ríe Tuteur–. A las madres angustiadas yo les aconsejaría que ahorraran fuerzas, que la parte dura de la maternidad aún está por venir, y que un hijo nunca te dirá: ‘El problema, mamá, es que no me diste de mamar”.
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