Vértigo

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Cualquiera puede sufrir una crisis de vértigo. Mareos, palpitaciones (taquicardias), náuseas, vómitos, zumbidos y sobre todo una fuerte e intensa alucinación que lleva a creer en el movimiento del entorno o de uno mismo. “La cabeza me da vueltas” es la frase más empleada para describir las crisis de vértigo, aunque en ocasiones la intensidad de la crisis puede desencadenar una sensación de fatalidad o de muerte inminente.

“Ciertas crisis de vértigo se sitúan entre los dolores más intensos que puede experimentar una persona. Pueden durar unos minutos, pero también horas o incluso días”, matiza Herminio Pérez Garrigues, del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital La Fe, en Valencia. “Además, en el caso de los vértigos recurrentes (los que se repiten a lo largo del tiempo) muchas personas sufren tanta angustia ante el temor de que se vuelva a repetir el episodio que abandonan su vida normal”. El especialista ha participado en el LII Congreso de la Sociedad Española de Otorrinolaringología celebrado en Madrid.

En algunos casos, el vértigo aparece como consecuencia de un accidente de tráfico (por el característico latigazo cervical) o por un traumatismo craneal. Otras veces es fruto de la edad, por la degeneración natural de los tejidos del oído interno. Sin embargo, en la mayoría de las crisis se desconoce la causa.

El tipo más frecuente es el llamado vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB). Afecta a personas de todas las edades y se caracteriza por la aparición de diferentes crisis, generalmente breves, que desaparecen cuando el afectado cambia de postura.

El VPPB se desencadena generalmente cuando se realizan movimientos como acostarse o levantarse de la cama, o tumbarse de lado. En esos momentos, se produce un desprendimiento de otolitos (un cristal de carbonato cálcico, que se encuentra en el aparato vestibular del oído, el encargado del equilibrio). Estos restos pasan a determinados canales del oído y es lo que provoca la sensación del vértigo.

Para corregir estos episodios, el especialista mueve al paciente (una de las maniobras más eficaces es la de Epley) hasta que desplaza el otolito del canal del oído interno.

Enfermedad de Ménière

Sin embargo, el VPPB no es el único tipo de vértigo que existe. También es bastante frecuente la enfermedad de Ménière. “En estos casos, los vértigos suelen acompañarse por otros síntomas, como la pérdida de audición (hipoacusia) y los zumbidos (acúfenos). El tratamiento de estas crisis se basa en fármacos y en determinados pacientes, se recurre a la cirugía”, explica el Pérez Garrigues.

La neuritis ventricular también se encuentra entre los vértigos más frecuentes. Suele ser una crisis única, que una vez pasada no vuelve a repetirse. Además del vértigo, se experimentan mareos, náuseas, sudoración y taquicardias.

¿Se pueden evitar los vertigos ?

Para el doctor Pérez Garrigues, “al no conocer con exactitud la causa de los vértigos es difícil establecer medidas preventivas. Nosotros aconsejamos a las personas que los sufren que abandonen su trabajo si es una profesión de riesgo (que implique alturas, manejo de maquinaria peligrosa o medios de locomoción) y que sigan una dieta hiposódica (baja en sal) si padecen la enfermedad de Ménière, pues se sospecha que puede incidir en la acumulación de líquidos perjudiciales para esta alteración”.

 

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